Un Futuro Incierto

My Dearest Children,

pocas cosas hay tan agradables como un buen paseo matutino. A falta de los románticos caminos de Lake District, me dedico a pasear (que no a caminar, dada mi volátil apariencia) por el Paseo del Prado Viejo de San Jerónimo, el de los Agustinos Recoletos y finalmente por el Paseo del Arroyo de la Castellana.

Paseo de Recoletos

Paseo de Recoletos

Este magnífico paseo me sirve de excusa para, sobrevolando las copas de los árboles, acercarme a los confiados paseantes que ignoran cuán de cerca les observo, penetrando inadvertidamente en sus profundos pensamientos, diálogos con uno mismo al fin y al cabo, y que tanto y tan rápido me han permitido aprender de los habitantes de este noble país y de esta noble Villa.

Me producen especial empatía los jóvenes estudiantes que en invierno caminan raudos a sus cotidianos quehaceres embozados en sus gorros, bufandas, ceños fruncidos y compungidos corazones. Y a veces no puedo evitar, como ya he dicho, irrumpir en sus cabezas para conocer de primerísima mano los motivos de sus pasos cariacontecidos.

Mucho me llaman la atención aquellos que han decidido dar rienda suelta a sus ilusiones, a sus vocaciones, y han decidido contra viento y marea cursar estudios en disciplinas antaño de gran prestigio y que proporcionaban unos sólidos conocimientos humanistas y generalistas, pero que hoy en día se han quedado poco más que en el nombre y que son menos reconocidas en la vorágine del acceso al primer empleo. Así, filósofos, historiadores, filólogos e incluso matemáticos tienen especiales dificultades para acceder a un empleo digno, mientras empresas de todo el mundo se siguen rifando a titulados de disciplinas ad hoc mucho más especializadas y reconocidas.

Es posible que mucha gente no esté de acuerdo, pero quizás tiene más sentido forjarse un futuro más pagano y menos idealista, eligiendo titulaciones con gran demanda, incluso en ocasiones ni tan siquiera titulaciones universitarias, de aquellas disciplinas que menos se alejen de las inquietudes del interesado y que le permitan alcanzar independencia económica y estabilidad. Una vez alcanzado tan importante hito en la vida de cada uno, entonces tiene mucho sentido llamar a la puerta de la vocación y de la inspiración y lanzarse a la aventura de licenciarse en aquello que siempre hayamos deseado. De esta manera, quizás se reduciría el número de arqueólogos, historiadores, pensadores, lingüistas frustrados y ninguneados por empresas que no tienen en cuenta el enorme esfuerzo por ellos realizado y el gran capital intelectual de estos osados jóvenes que han preferido la vocación al pragmatismo.

Yours faithfully,

Nicholas Twill

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~ por Nicholas Twill en 21 agosto 2008.

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