De Juezas y Electricistos

My Dearest Children,

como bien sabéis los que seguís este blog, no hace mucho que me he adentrado en el idioma de Cervantes,  y cada día que pasa me apasiona más la gran riqueza y complejidad de esta maravillosa lengua: el español.

Y no puedo por menos que revolverme en mi tumba cuando veo con cuánta levedad e indecencia maltratan algunos tan grandioso idioma. Quiero hacer aquí especial mención (dudoso honor) a dos colectivos que, en lo que se refiere a este tema, se hacen a sí mismos un flaco favor: feministas y periodistas.

Las primeras confunden (como dicen ustedes) el tocino con la velocidad (graciosa expresión, por cierto) y, en una especie de vorágine conspiranoica, se atreven a decir que el español es una lengua machista. Afortunadamente no me puede dar un infarto (ya que estoy muerto) ante semejante acusación que, permítanme, se me antoja demagógica y manipuladora; malmetedora y ampliamente simplista, por no decir paleta. Claro, dicen ellas, el español es una lengua machista porque, permítanme el manido ejemplo de las palabras malsonantes, palabras que connotan desprecio son femeninas y sus “homólogas” masculinas connotan precisamente lo opuesto: admiración, sorpresa agradable, etc. Y es ahora cuando se cita que “putada”, “coñazo” y “zorra” tienen un  sentido negativo y/o denigrante, mientras  que expresiones como “cojonudo”, “es la polla” (que incluye palabra femenina pero indicativa del término más masculino) o “qué zorro eres” tienen un sentido mucho más beneficioso para el varón. Objetivamente podría concluirse que es cierto, pero la interpretación puede ser tan retorcida como se quiera, y yo podría contraargumentar que “coño” es término morfológicamente masculino y “polla”, femenino.

Señoras, céntrense ustedes y, en primer lugar, no mezclen ideas tan peligrosamente. Aunque algunos de los ejemplos mencionados anteriormente puedan interpretarse cogidos por pinzas como planteamientos machistas, no olviden ustedes que la lengua no es ni machista ni feminista sino todo lo contrario, por decirlo jocosamente. La lengua es un instrumento del que se vale el ser humano para comunicarse y es un limpio y pulido espejo en el que se reflejan todas las almas, en las que aparece, como si de una de esa modernas radiografías -con las que atentan los actuales galenos contra ustedes, cada día me sorprenden más estos tiempos modernos – se tratara, en las que aparece, pues, el reflejo de los tiempos en que vivimos (yo un poco menos, pero es una forma de hablar, ya me entienden). Y no me malinterpreten por favor ni piensen que qué se puede esperar de un tipo como yo, con mis ideales decimonónicos, proveniente de  un tiempo y un mundo en el que la mujer simplemente no era tratada como ser humano. Si la lengua puede presentársenos a veces como machista o sexista es simple y llanamente por su evolución etimologica pura o popular, o bien porque la sociedad de la que es espejo y alma, lleva siglos siendo machista incluso hoy en día (aunque las sociedades occidentales de 2009 han evolucionado lo suficiente como para que ustedes señoras mías pueden tener voz y voto e influenciar en sus países hasta límites antaño inimaginables), pero no es machista per se.

Y es entonces cuando, con motivo de las presiones (justas o injustas, ahí no me voy a meter) de la mujer emancipada y despechada, los medios de comunicación empiezan a hacerse eco o a crear o en definitiva a dar por buena esa idea absurda de que la lengua es machista. Si no, podría dar la sensación de que el que calla otorga y de que si no expresamos activa y machaconamente que la lengua española es machista estaremos pecando de retrógrados, machistas y poco más o menos que de animales insensibles. Y ya se sabe lo que ocurre en estos casos: que se pierde la perspectiva y empiezan los efectos bola-de-nieve y todo se magnifica y se estira y al final ya no encontramos los imperceptibles hilos que nos devuelven al punto de partida, al final el camino de miguitas de pan ha desaparecido y ya no sabemos volver a casa. Si a eso sumamos, my Dearest Children, que cada vez es más difícil encontrar periodistas que, lejos de ser maestros del lenguaje como son los grandes periodistas radiofónicos y algunos columnistas de diarios españoles, dominen medianamente el español, entonces que a nadie sorprenda la proliferación de nuevas expresiones y reinterpretaciones irrisorias producto de lo que se cree que es políticamente correcto; la proliferación de malsonantes hipercorrecciones y estúpidas recreaciones.

Y entonces, la propia obsesión anti-machista crea engendros que corren desgraciadamente como la pólvora y que penetran ineveitablemente en la hipodermis de la sociedad y se fosilizan para siempre en la pobre y maltratada lengua. Engendros que son sexistas por sí mismos. Qué dolor de oidos y de alma provoca oir día tras día aberraciones como “jueza”. Si bien es cierto que históricamente el oficio de magistrado ha sido casi en exclusiva desempeñado por varones, ¿quién les hace entender que la palabra “juez” es morfológicamente masculina? ¿Por qué creen que la palabra “juez” descontextualizada y sin artículo precedente es masculina y consecuentemente necesita la flexión de la palabra para añadirle la habitual terminación pero no única del género femenino en español? ¿No es más sencillo decir “la juez”? Al fin y al cabo, no  hay mejor desprecio que no hacer aprecio.  Y si sólo cambiamos el artículo y mantenemos la palabra como forma invariable en cuanto al género, la haremos también propia de la mujer.

Ya en el pasado ocurrió algo similar: la palabra “modisto” es una reinterpretación por etimología popular del femenino “modista” que debería haber sido innecesaria  al no denotarse género, pero que finalmente acabo engendrando un absurdo monstruo que consistió en reinterpretar de nuevo erróneamente que la “a” final de “modista” es femenina (en este caso de nuevo por tratarse de un substantivo acabado en “-ista”) y por consiguiente que al aparecer los primeros caballeros que se incorporaron al gremio, había que cambiar la “a” por la “o” quizás para salvarles el honor.

Y librémonos tod@s de usar la renacida arroba (“@”) porque cuando hay un solo individuo masculino en un grupo de féminas, el plural debe ser -os. Y no se lo tomen ustedes como insulto: ¿no se han parado a pensar, volviendo atrás en el tiempo y recordando sus clases de latín, que el género neutro del plural del español coincide en la inmensa mayoría de los casos con el masculino y que esa es probablemente la razón por la que en caso de haber varias mujeres y hombres en el mismo grupo se utiliza la forma fusionada que corresponde al neutro y masculino y no por una cuestión sexista?

Por suerte o por desgracia, pese a los vanos intentos de normalización (el crisol que fija y da esplendor), la lengua es tan poderosa que sabrá evolucionar, pese a quien nos pese, para seguir desempeñando su única y auténtica función: la comunicación del ser humano. La pena es que esta evolución, involución, revolución surja por acciones u omisiones, por la ineptitud y falta de criterio y bemoles de un atajo de sobrevalorados individuos que de una manera altiva y prepotente contaminan tan sagrada institución: el español.

Señoras feministas; señores periodistas: si las jueces son “juezas”, ¡¡¡salvemos el honor y masculinidad de los profesionales de la electricidad y llamémoslos a partir de ahora “electricistos”!!!!

 

Yours faithfully,

Nicholas Twill

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~ por Nicholas Twill en 17 enero 2009.

2 comentarios to “De Juezas y Electricistos”

  1. Jajajaja
    Que me vas a contar con un padre que era periodista como los de entonces y que como buen comunicador empezó y vivió en la radio donde tenía, en ocasiones, que aguantar a gente que apenas sabía que vacaciones se escribe con v.
    Literato ahora que es cuida aún más su lenguaje, y tiende a corregirnos en casa tras alguna patada a la lengua que, a todos, alguna vez se nos escapa.
    Soy mujer y si bien es verdad que hay palabras que pueden tener connotaciones sexistas, es un palabra. Como muy bien has dicho, el lenguaje es algo que se va desarrollando a lo largo de muchos siglos, milenios incluso. El lenguaje es un ente vivo y como tal va cambiando, pero va creciendo según las lenguas de aquellos que lo pronuncian de dejan salir de sus bocas.
    Por lo tanto, podría decirse que es culpa de todos y de nadie a la vez que algunas palabras, en estos tiempos de reestructuralismo mental-lingüistico-social-económico… haya cosas que a los más… “avanzados” lien.
    Me parece que estos o estas (ya que estamos XD) periodistas que hacen estas distinciones lo unico que hacen es complicar más la situación. ¿O acaso no les dijeron en el colegio que para diferenciar un femenino de un masculino basta con ponerle el artículo con el genero correcto?
    Así pues, para mí. El juez será el juez. La JUEZ será la mujer que imparta justicia en los tribunales. El electricista será EL o LA electricista.
    ¿Para que olvidarnos de tan importante elemento de nuestra lengua como los artículos que le dan sentido al conjunto?
    O acabaremos hablando como los chinos en las peliculas de los 50…
    Ahola señora va dolmil

  2. Me parece fenomenal el artículo pero con una única opción: no estoy para nada de acuerdo con respecto a la formación del plural en grupos mixtos, cuando sólo hay un hombre y el resto son mujeres. En este caso, el plural no debe ser masculino sino femenirno puesto que la mayoría prevalece. Si la mayoría del grupo son féminas, aunque hay un sólo hombre, el plural debería formarse con el femenino.
    Por lo demás, suscribo todo lo que has comentado.

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