El Asno de Buridán

My Dearest Children,


una de las cosas que más me han sorprendido de esta Nueva Era en la que me he eterealizado es la cantidad de información a la que nos enfrentamos cada día y de lo difícil que es y debe ser sobrevivir a tamaña avalancha de datos y a la eterna lucha por decidir qué ver, qué oir o simplemente que desechar. Aún recuerdo el ahogo que me supuso y aún hoy me supone entrar en una de las frecuentes y modernas librerías que se presentan como mastodónticos depósitos de deslumbrantes y coloridos volúmenes con miles de títulos de las más diversas materias. Un mundo sin fin que puede provocar, como en la fábula del Asno de Buridán, lejos de un festín que permita saciar la más ávida de las hambres,  un terrible empacho visual que nos haga huir despavoridos ante la idea lógica y contundente de que jamás seremos capaces de poder leer ni una mísera proporción de títulos ni en esta vida ni en todas las venideras.

El tema toma un cariz aún más dramático y asfixiante si lo trasladamos al medio en el que en este momento nos encontramos: internet. Ahora mismo, podemos tener acceso a toda la información presente y pasada a la que queramos acceder; información que será o no fiable, pero a la que sin duda tenemos un casi ilimitado acceso. Y entonces no sabe uno dónde acudir, que leer o ver u oír y cómo administrar las escasas horas que el día nos ofrece, más dura aún la decisión para aquellos que apenas puedan dedicar unos minutos del día a acercarse a la palabra escrita: ¿cuántos años necesitaría para leerme todos los libros que aparecen púlcramente ordenados en cualquiera de estas librerías?¿qué puedo leer?¿qué páginas puedo visitar?¿qué cadena ver?¿qué me estaré perdiendo?¿hasta qué punto es suficiente llegar para satisfacer una curiosidad sin necesidad de leer kilómetros y kilómetros de líneas?

¿No sería más sencillo volver a mi humilde pero completa biblioteca en mi cottage de Ambleside, donde solía refugiarme y sentirme humano cuando estaba vivo hace ya más de siglo y medio?

Toda una sempiterna agonía de decisiones salomónicas y la sensación de que siempre me perderé algo…


Yours faithfully,


Nicholas Twill

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~ por Nicholas Twill en 25 enero 2009.

2 comentarios to “El Asno de Buridán”

  1. Muy bueno, buenísimo. Es el sino de nuestro tiempo. Más que nadar, morimos en la abundancia, desperdiciar comida y sobre todo, consumimos, consumimos y volvemos a consumir, da igual qué o en casos extremos a quién. El caso es tomar algo, devorarlo sin el más mínimo aprecio y relegarlo al olvido del rincón más osuro de nuestro hipocampo, donde habita el olvido. Y los libros no están sobreviviendo a este caos. Son consumidos y caen en el olvido antes de terminar la última página. Y la lectura diagonal es el clímax de este hábito consumista-destructivo. A pesar de ello, Nicholas, parece que ten ecesitamos, al menos para recordarnos que las prisas no son buenas, que mejor es digerir un único libro en la vida que devorar millones sin que las imágenes, las letras penetren en nuestra retina. no hay que pasar por los libros en diagonal, sino dejar que ellos pasen y permanezcan en nosotros. Y el problema de la decisión se elimina sencillamente abriendo el libro, da igual cuál. Émpieza por uno y concédele el tiempo que necesita y respétalo difrutándolo sin pensar, y cuando lo hayas acabado, degústalo, deja que penetre en ti y te deje huellas, aunque sea sólo para tomar la decisión de que no mereció la pena leerlo.

    Paciencia, paciencia y vive el presente, pues es lo único que tenemos y apenas dura un suspiro.

  2. Tu reflexión me lleva a recordar una vez más un topico “lo bueno está en el medio y lo malo está en los extremos”. Tan malo era la desinformación del pasado (la famosa censura de la época del NODO) como la sobre-información de la actualidad con Internet. Supongo que debido a que todo tiende a cambiar hacia la natural estabilidad, de igual forma que desaparecio la censura y el desconcimiento de los hechos que movian el mundo, estoy convencido que algún día se acabara la posibilidad de conocer las temperaturas máximas y mínimas tendrán en Sidney (mis abuelos nunca supieron ese dato y para qué nos sirve???).

    Jorge A.

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