El Carbayón de Valentín y el Tejo de San Martín

My Dearest Children,

existe en el asturiano concejo de Tineo un portento de la naturaleza: el ser vivo más antiguo con el que me he topado en mi vida (al menos que yo recuerde).

Carbayón de Valentín

Carbayón de Valentín

Se trata de un gigantón roble cuya antigüedad supera sin duda los 500 años, puesto que ya es citado en documentos anteriores al descubrimiento de América. Y si ya era mencionado entonces, es porque ya por entonces era todo un portento. Quizás se trata de un árbol milenario. No es un árbol especialmente alto, pero el perímetro de su tronco es de nada menos que 10,25 mts. es decir más de tres metros de diámetro.

Leyenda Carbayón Valentín

No muy lejos de allí, en el vecino concejo de Salas, se encuentra otra joya declarada monumento natural: el Tejo o Texo de Salas.

El Tejo de Salas se encuentra en la localidad de Salas en el recinto del cementerio junto a la ermita o monasterio de San Martín. Probablemente esta ermita se construyó junto al tejo, por ser considerado un árbol sagrado para las culturas prerrománicas, cosa que aprovechó la iglesia para edificar luego el templo. Esta práctica de cristianización de puntos sagrados paganos es muy habitual por toda la Península.

Tejo de Salas

Tejo de Salas

Sus dimensiones son de 16 metros de altura, 12 de envergadura y algo más de 6,5 de perímetro. Fue declarado monumento natural el 27 de abril de 1995.

Dos criaturitas que merecen la pena una visita.

Yours faithfully,

Nicholas Twill

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~ por Nicholas Twill en 27 agosto 2009.

Una respuesta to “El Carbayón de Valentín y el Tejo de San Martín”

  1. Desde luego que estas “criaturitas” merecen ser vistas, oteadas, respiradas y conmemoradas. Doy fe de ello después de haber perdido la noción de Cronos junto a ellos. Son vestigio de una Naturaleza fuerte y potente, que sabe pervivir a las atrocidades cometidas por el depredador natural más brutal.
    Realmente parece que por ellos no pasese el tiempo o que éeste se hubiese estancado en un instante, en un eterno ciclo que vuelve inmutable año tras año, otoño y primavera tras otoño y primavera.
    Al ver el Tejo de Salas y las tumbas que bajo él se hallan se siente una paz indescriptible, una sensación de tranquilidad por la calma que en el lugar se respira. Su ramas acogen y cubren con cariño y dulcura cruces y sepulturas, las arropa cual manta esponjosa. Es una maravillosa sensación.
    Y, en cuanto al roble gigante de Valentín, tampoco en mi vida consciente había estado junto a un ejemplar de tal edad. junto a él una parece ser un bebé recién nacido, una molécula diminuta y chiquitita que dentro del Kosmos que rodea la zona.
    Si el Tejo presenta un tronco casi hueco que lo hace falsamente frágil y su es copa amplia y delicada, el Carbayón cuenta con un tronco duro y robusto que hace honor al refrán dedicado a este árbol, y en cambio, sus hojas están tan frescas y lozanas como si este roble fuese un sencillo “quinceño” lleno de vitalidad.
    Desde luego ambos árboles son un magnífico ejemplo de la fuerza de la Naturaleza y dan al traste con los ciclos vitales al uso. sólo junto a ellos se siente tan cerca y tan lejos lo que debe ser la Ewigkeit.

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